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La espesa y oscura niebla cubrió cualquier rastro de vida en aquel sector del bosque, no se oía ningún sonido, ni siquiera el de los grillos, los cuales cantaban todas las noches.
El único ser que parecía con vida tosió reiteradas veces, procurando que el polvo y tierra que habían ingresado a sus vías respiratorias saliese, sin sentirse asfixiado y sin aire.
La criatura se encontraba en shock, moviéndose de un lado hacia otro, sin importarle en realidad las tiniebla que se esparcía por todo el horizonte. Era imposible preocuparse por aquello, cuando no había señales de los demás.
Cabalgó con furia e intranquilidad, percibiendo como le recorría por todo su sistema una ansiedad que lo ahogaba, alejándose todo lo posible del polvo que flotaba por el aire. Gritó por varios minutos los nombres de sus compañeros, de la familia que compartía con él el día a día, de aquellos que entrenaban, reían, competían y disfrutaban de cada instante juntos.
Sus patas golpearon diversas veces contra trocos, ramas y piedras, y él procuro mantener el ritmo mientras esquivaba los obstáculos que aparecían en su trayecto para no disminuir la intensidad. La distancia parecía interminable, por lo que había añadido el movimiento que sus brazos, empujando el espacio y creando una suave brisa para despejar su visión.
Al llegar al extremo más apartado, sintió como su corazón caía al suelo y era pisoteado por una embestida de sus compañeros. No había absolutamente nada ni nadie. Con desesperación desvió la mirada hacia todos lados, sin creérselo aún. Era inverosímil y absurdo lo que estaba sucediendo, no era posible que fuera el único sobreviviente a un ataque que no recordaba. Se desplazó aún más, alejándose todo lo que sus miembros le habían permitido, su territorio era extenso y cubría gran parte del bosque que cuidaban. Cuanto más avanzaba, menos probabilidades existían de hallar algún alma viva, y eso no sabía cómo aceptarlo. Nadie lo había preparado para transitar aquel duro momento ni cuáles eran los pasos que debía proseguir para volver a la normalidad.

Se detuvo al instante de rememorar imágenes de la batalla, las cuales lo abofetearon con energía, abriéndole cicatrices que ni siquiera recordaba poseer. Todo parecía una horrible pesadilla, un sueño mal escrito por las estrellas, del cual quería despertar, para reírse con fuerza junto a sus amigos por el disparate Recordaba haber luchado codo a codo junto a su caballada ante un enemigo desconocido y misterioso, uno que los había agarrado desprevenidos y sin mucho tiempo de organizar las tropas; había sido silencioso y letal, como una sombra taciturna, que se aproxima, paso a paso, sin llamar la atención y ataca con rapidez.

La conmoción dio paso a otra sensación en su pecho, una que ardía y le quemaba el cuerpo: la venganza. Se alimentaría de ésta, la consumiría y la transformaría en la motivación necesaria para no caer ni rendirse, porque por más que le cueste y sienta un dolor agudo en su pecho, sabe que claudicar no está permitido.
Él buscaría por todo el mundo al responsable de la masacre que había ocurrido, le haría pagar lo justo y vengaría las muertes de sus seres queridos y amigos.
Escuchó un sonido que parecía más un susurro, llamándolo, hipnotizándolo para que se rompiera la distancia que había entre ambos. El extraño ente se había presentado como el Núcleo, una entidad que observaba todo desde la oscuridad, pero aún así y antes de que el centauro lo juzgase con ligereza, le había expuesto cada detalle de su visita al sitio.
Le había hablado con voz tranquila y confiable, como si fueran dos amigos de toda la vida que se encontraban luego de años de no haberse visto. Aquel ser le había prometido ayudarlo con su venganza, a cambio de que él pudiese hacer simples y fáciles trabajos, nada grave, ni arriesgado, eran tan sencillos que hasta le había dado sospecha, pero aún así, el individuo le había lanzado pistas al azar, tejiendo su plan como una telaraña, ganándose la confianza de la criatura a base de nombres, lugares y rastros, que solo avivaban la aversión en contra de la que ahora sería su enemiga en común, La Voluntad.